Disfruto viendo el grado de concentración que tiene Rubén sobre el escenario. Toca ajeno a lo que le rodea. Por momentos parece que solo está él y su guitarra, unidos, casi siameses, arrojando energía y viajando sin gravedad a través de una buena vibra. Lo demás es secundario, incluida la poca gente que ha decidido subir hoy hasta la salita All People de Segovia para presenciar en directo la presentación del primer disco en solitario de Rubén Pozo. Nosotros, Turrones, ya hemos terminado la actuación y no nos podemos quejar. La verdad, hemos sido llamados para abrir el show, para calentar al público y lo hemos logrado. Las cuarenta jóvenes que esperaban la actuación de Rubén se han mantenido firmes ante nuestro repertorio. Podría añadir que les ha gustado un poco nuestro rock rasposo y visceral. Han aplaudido, bailado y han aguantado hasta la última nota. Por lo demás, hemos hecho un buen concierto: a la velocidad adecuada y con la complicidad necesaria. Estamos muy felices al terminar. Mientras los técnicos colocan el escenario para Rubén y su grupo, me he sentado un ratito junto a él. Me comenta que ayer fue muy agradable tocar en la Joy Slava. Ahí estuvieron amigos y familiares, conocidos y gente de la prensa, managers y fans. Imagino que un concierto lleno de calorcito y aplausos, ¿quién no tienes ganas de eso? Me dice Rubén que nuestro sonido está muy definido, que tenemos muy claro lo que queremos y que ahí ya tenemos ganado un sesenta por ciento. Le doy las gracias por el cumplido y le digo que él también parte con ventaja, los años con Pereza no han sido en balde. Pero Rubén prefiere no mezclar esto suyo con lo otro junto a Leiva, no quiere y le respeto su opinión. Seguimos un rato hablando de su situación, de lo difícil que está resultando en estos tiempos arrastrar a la gente a las salas para ver algo nuevo, algo distinto. Le comprendo perfectamente, nítidamente. Turrones estamos luchando por eso, autofinanciando sueños a los que, de un modo u otro, tenemos que dar un sentido monetario. Cuando un sueño se hace realidad, suele venir acompañado de una factura, y más en esto del rock, donde no solo es el sueño de uno, más bien es el sueño de cuatro o cinco personas que gastan lo suyo a cada paso que dan. Prefiero cambiar de tema. Creo que mi charla está tomando una curva lastimera que es mejor dejar atrás. Así que le digo que tengo unas ganas bárbaras de ver la versión que hacen de los Buenas Noches Rose. Rubén me dice que desestimó el incluir nada de ellos en su repertorio. Añade que ya ha pasado tiempo y piensa que nadie echará de menos una canción de un grupo que tampoco llegó a ser multitudinario ni mucho menos. Vaya chasco me llevo. Me piro a por dos rubias, bien frías. Días antes del concierto se me pasó por la cabeza pedir a Rubén que se subiese con nosotros al escenario para marcarse el solo que ha grabado para nuestro inminente disco, la canción se llama “Las estaciones”. Desestimé la petición por no molestar. Tendríamos que poner otro ampli, tener a Rubén atento para cuando llegase el tema… en fin, no quería molestar. El día que vino al estudio fue una pasada. La maqueta con la canción se la había entregado hacía semanas, pero al llegar, me dijo abiertamente que no había ensayado nada, que le pinchásemos la canción y que ya veríamos hacia donde se dirigían los dedos sobre el mástil de la guitarra. Lo clavó, un solo apabullante, en mi opinión: genial.

